Si alguna vez tenéis la suerte de pasear por la gran manzana y podéis ver entre la quinta y la sexta avenida un imponente rascacielos, bajo el cual se alza una gran pista de hielo rematada con una impresionante cascada tras la escultura áurea del mítico Prometeo (el "ladrón" del fuego de los dioses), estaréis frente al Rockefeller Center. Este complejo es a la vez fruto y símbolo del poderío económico de una de las grandes sagas americanas: Los Rockefeller. Toda fortuna suele tener como origen un personaje más o menos controvertido, oscuro o cuanto menos discutible, seguramente por la envidia de aquellos que no tuvieron su suerte o la desconfianza que suele generar al vulgo las grandes fortunas. Sea cual sea el motivo, la verdad es que en el personaje del que vamos a ocuparnos las desconfianzas parecen estar bastante justificadas. Sin duda alguna el primer Rockefeller del que el mundo entero oyó hablar fue de John Davison Rockefeller (1839-1937). Su fortuna, al igual que las otras grandes fortunas estadounidenses se encuentran en la guerra de Secesión (1861-1865), periodo en el que surgieron los Vanderbilt, Morgan, Carnegie y Rockefeller. Los primeros casi habían desaparecido y los últimos por el contrario se erigieron como puntal del poder económico de la costa este de Estados Unidos.
La carrera de John D. Rockefeller hacia la cumbre fue realmente espectacular: en 1858 abandonó su primer empleo para asociarse con Maurice Clark, un inglés con el que fundó su primer negocio, debió parecerle poco para repartirlo con su socio cuando doce años después funda la Standard Oil en solitario cuando contaba tan solo con 31 años. A partir de aquí su fortuna y negocios no hicieron mas que subir hasta alcanzar el dominio de la industria del petróleo. Fue alcanzando cada vez mayores beneficios, superando a sus competidores como Harry F. Sinclair, pero dejó tras de sí un rastro de irregularidades, artimañas, sobornos y extorsiones. Sinclair en su intento de ganar a Rockefeller en el control del mercado decidió entrevistarse en Moscú con Lenin, a quien le prometió financiación si se le permitía concesiones en Siberia. A su regreso unas acusaciones de soborno que habían sido vertidas sobre el Sinclair, le costaron a este nueves meses en prisión y un gran descrédito en el mundo empresarial. Quien estuvo tras tales acusaciones es tan obvio que vale la pena si tener que mencionarlo.
En cambio los que sí pudieron con Rockefeller fueron los hermanos Nobel, quienes gracias a los yacimientos de Bakú (Azerbaiyán), en el Caspio, superaron a la Standard Oil como los primeros productores mundiales. Se dice que la mala conciencia de Alfred Nobel, en la que no solo pesaba la invención de letales explosivos sino también los sucios negocios del crudo, le llevó a lavar su nombre a base de premios con su sucio dinero; pero eso, ya es otra historia.

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