Así afirmaba David Hume, uno de los filósofos más importantes de occidente, su visión sobre las decisiones humanas. Para él, vivir era actuar, y dichas actuaciones y decisiones nacían del mundo de los sentimientos, no al de la razón. De ese modo, el hecho de que a uno le guste escuchar cierta música o comer determinados alimentos, no responde a términos de razones, sino que, en el fondo el comportamiento del ser humano se constituye por un cúmulo de emociones, deseos y sentimientos. Por ello, Hume situa la razón como herramienta que facilite la culminación de los sentimientos del hombre; de ahí a la famosa frase que pasó a los anales de la historia de la filosofía. Para Hume, esta postura era puramente teórica, ya que como buen escéptico que era (en otras palabras, que se duda de todo y nada se sabe al 100%), no estaba seguro de la ciéncia, la existéncia de Dios y naturalmente, ni de nuestro mundo sensible. Sin embargo, se declaró claramente empirista, en otras palabras, que el conocimiento del hombre, proviene de su experiéncia directa con el mundo que lo rodea y no de su razonamiento y deducción.Os preguntaréis, porque demonios he escrito una entrada sobre Hume. A decir verdad, antaño este filósofo me resultaba poco atractivo (en términos filosóficos lógicamente...). Sus teorías las veía ya muy superadas a día de hoy y obsoletas a nuestros tiempos, en contra de lo que postulan muchos intelectuales europeos, que igualan a Hume a la altura de por ejemplo Kant que ha influe ciado enormemente el panorama del pensamiento europeo desde el siglo XIX. Pues bien, últimamente se podría decir que me he acordado bastante de Hume y reconozco mi error en infravalorarlo, debido a ciertas experiencias, digamos no muy gratas.
David, tienes toda la razón.

1 comentario:
En dos palabras:
Influen ciado
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