Hoy, antes de saber leer, los niños ven la televisión o ya se pegan sus vicios a la Xbox360. Este hecho no deja de ser problemático, pues lo cierto es que la educación y la cultura sigue estando ligado a los libros o al menos a los textos que aparecen en una pantalla, en definitiva, a la escritura. Pero por qué és así? ¿Por qué no pueden las imágenes transmitir saber? ?Por qué no es posible empezar a formarse viendo la televisión?¿Qué diantres tiene de especial la escritura? Muy sencillo: el control.
Los textos escritos han de estructurarse en torno a unos temas; la comunicación oral, por el contrario, se alimenta de la corriente energética que produce su propia dramaturgia, y el sentido surge y desaparece con ella. Sólo la escritura fija el lenguaje y lo somete al control de un sistema de reglas gramaticales. La diferencia de ritmo existente entre el lenguaje hablado y la escritura permite estructurar el sentido, comprenderlo e interiorizarlo mejor: la ordenación lineal de sujeto-verbo-complemento y de todos los demás complementos que podemos añadir, permite reproducir el orden lógico del pensamiento en la secuencia de elementos de la oración, y de ese modo someterlo a control. Una de las causas de la animadversión a la lectura es el control que ejerce, dando cierta tensión al leer. Un claro ejemplo son las oraciones complejas, interminables e inteligibles hasta que no llegas al predicado de la frase. O los chistes,cuya gracia no descubrimos hasta el final de la frase, transformando por completo el sentido que hemos ido construyendo hasta el momento. A quien no tenga suficiente paciencia y práctica en estos casos, esta tensión le resultará desagradable e irá aparcando la lectura. Las consecuencias las podemos ver hoy en dia: a medida que la televisión ha ido ganando terreno, los maestros se quejan siempre de lo mismo: en los niños, el nivel de tolerancia ante la frustración ha ido disminuyendo, hasta el punto de que ya no son capaces de soportar la demora que comportan los procesos de lectura y comprensión. De ahí a que no puedan concebir la clase como un proceso de aprendizaje, sino como un entretenimiento o ya en el peor de los casos, una mierda.
"Niños no hagais caso a estos mierdas de Cliopolis, yo siempre seré vuestra segunda madre."
Víctimas de la ofuscación colectiva, los sucesivos ministros de educación han reducido progresivamente el valor de la expresión escrita en la escuela y en la evaluación de los alumnos primando la expresión oral. En una época en la que la comunicación oral gana cada vez más terreno, descuidan el carácter modélico de la comunicación escrita. Solamente siguen adquiriendo el hábito de la lectura y la escritura aquellos niños en cuyos hogares estas actividades son algo cotidiano y obvio. Los niños sólo deberían ver la tele y viciarse a la Xbox360 cuando la lectura haya dejado de ser para ellos una actividad penosa y se haya convertido en un placer; de lo contrario la lectura les resultará una a actividad fastidiosa durante el resto de su vida. Quien crezca en estas circunstancias, después sólo leerá lo que se le ordene leer, y de mala gana. De este modo, la política educativa está produciendo dos clases de personas: las que están habituadas a leer, por lo que absorben constantemente informaciones nuevas y están acostumbradas a estructurar mejor sus ideas tomando como modelo la escritura, lo que les permite una mayor comprensión además de otorgarles la capacidad de expresarse y construir distintos tipos de texto (cartas, análisis, relatos, ensayos, narraciones, etc). Por otra parte, están quienes leen únicamente cuando se ven obligados a hacerlo; de lo contrario, se ponen a ver la televisión. Pero las imágenes son sincrónicas con el cerebro y quien se acostumbra muy pronto a la tele, le resulta difícil luego desligar la percepción interna de la externa, es decir, no logra concentrarse. Vaya, uno de los principales problemas del fracaso escolar. Los individuos que pertenecen al grupo de los no lectores ven en los libros tareas titánicas. Como no logran comprender a los que aman la lectura, acaban por desconfiar de ellos e incluso se burlan. De este modo con el tiempo se va desarrollando una auténtica aversión a los libros y, como también los libros técnicos los leen con desgana, en su trabajo se ven relegados a un segundo plano, lo que les lleva a incubar un odio hacia los sabelotodo y a glorificar el empirismo. Sobre su incapacidad para expresarse adecuadamente y para comprender pensamientos es algo ya conocido.
"Acabo de petarme Halo 3 en dificultad legendaria! mierda, mañana es el examen sobre el pintor ese Don Quijote."
En resumidas cuentas, quien lea de mala gana debería plantearse seriamente si no vale la pena superar su aversión, de lo contrario, la cultura, la educación o un ascenso le pueden resultar inaccesibles. Respetuosamente me despido, me espera una tarde de vicio con mi Xbox360.
"No me vale que vengas y me digas que lees porque te has suscrito a la Maxituning."




2 comentarios:
Un artículo sumamente interesante y bien escrito, me ha encantado. He descubierto cosas en las que no había reparado, una estupenda explicación técnica de por qué es necesaria la lectura.
Cuando en el colegio y el instituto me obligaban a leer libros lo odiaba, en serio. Eran libros intrascendentes o para nada aptos para un niño. Recuerdo que uno de los que menos me desagradó fue "El Capitán Alatriste" (que tampoco es que fuera la hostia) y "Tirant Lo Blanc", pero en general todos me hastiaban. Recordaré siempre "Entre Visillos", un libro que será todo lo que queráis de importante, pero es que la novela social me aburre más que todas las cosas del mundo y ese libro en concreto me produjo una de las torturas más grandes, pero claro, podía entrar en selectividad...
Sinceramente creo que es algo muy difícil de calcular, porque no todos los niños tienen los mismos gustos y encontrar un libro apto para la mayoría es complicado, pero creo que deberían buscar fórmulas que se centrasen en la calidad y no en la cantidad, libros cortos pero con mucho interés, darles a los niños la oportunidad de elegir entre varios libros, etc. Pero claro, todo esto lo digo cómodamente sentado en mi casa, si tuviera yo que involucrarme en un proyecto de gobierno para fomentar la lectura en los niños ya os contaría lo fácil que es...
A todos nos ha pasado lo mismo. Yo de crío acabé hasta la polla de Don Quijote, Neruda, García Lorca, etc, y ahora me los leo como si fuese el periódico. Es curioso que de mayores apreciemos la cultura y la lectura que de crios aborrecíamos, y es que tal como dices, lo suyo sería fomentar el placer de leer en vez de clavarnos en la quijotera todos los clásicos del Siglo de Oro en 2 cursos de literatura castellana. Sólo con fomentar el placer de la lectura, todo lo demás caería por su propio peso.
Un saludo!
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